¿Eres autoexigente? Enhorabuena

AUTOEXIGENCIA-COMO-TRATARLA

¿Es bueno o malo ser autoexigente?

¿Te consideras una persona con un alto nivel de exigencia?

¿Te has parado a pensar en ello?

Hoy me gustaría invitarte a que reflexionemos sobre ello, que exploremos en tus pensamientos para intentar ver si eres una persona exigente contigo misma y, de ser así, si esa exigencia está alineada con tu bienestar emocional o por el contrario, te está dificultando el camino.

Cómo saber si soy demasiado exigente: ejemplos de autoexigencia

He de superarme a toda costa”, “debo de hacerlo todo lo mejor posible”, “he de cumplir con mi deber”…

Ese constante “tengo que”/ “debo de”.

¿Te has sentido así alguna vez? Pensar, tener el convencimiento de que has de sacrificarte al máximo para conseguir algo, que has de ser el mejor…

Porque total no me cuesta nada”, “porque siempre puedo esforzarme más”, “porque alguien tiene que hacerlo”, “porque he de demostrar que puedo hacerlo”…

Esos “porqués” en realidad lo que ocultan es un sentimiento perfeccionista de obligación, del sentido del deber.

¿Es mala la autoexigencia? Cuidado con la autoexigencia destructiva

Y cuando los impulsos perfeccionistas dominan nuestra vida, nos estamos impidiendo disfrutar de los buenos momentos.

Además, podemos caer en un agotamiento físico y mental.

Es ahí cuando hablamos de la autoexigencia destructiva: cuando somos demasiado exigentes con nosotros mismos.

Pero, Jenifer, ¿cómo puedo saber si soy demasiado autoexigente?

La culpa, la frustración, la ansiedad, el agotamiento físico y mental…son algunas de las manifestaciones más habituales.

Autoexigencia motivadora:la autoexigencia desde el bienestar

En cambio, cuando esas obligaciones que nos ponemos, nos ayudan a conseguir resultados positivos, hablamos de una autoexigencia motivadora. Usamos la voz de la autoexigencia desde el bienestar.

El perfeccionismo, en este caso, se convierte en eficiencia.

Cuando nos relajamos y somos más transigentes, tanto con nosotros mismos como con los demás, equilibramos la productividad con el autocuidado.

Cómo podemos trabajar para que la autoexigencia sea nuestra aliada

La clave es en qué centramos la atención. Si nos concentramos en lo negativo, eso será lo único que veamos.

No se trata de pensar que hemos de ser menos exigentes, de que la exigencia es mala. No hay absolutos. Muchas veces el problema no es la autoexigencia, sino la forma en la que la manifestamos. 

De ahí la importancia de reconocerla y reforzarla de cara a lograr nuestro bienestar emocional.

Para reconocer esos dos tipos de autoexigencias que podemos tener (esas diferentes voces del yo), en consulta yo suelo trabajar con muñecos. Esto nos permite ver que si hacemos demasiado caso al muñeco A, el muñeco B suele quedarse con la voz más callada e incluso se termina silenciando.

Soy consciente de que explicarlo en unas pocas líneas puede resultarte complicado de entender y, sobre todo, de interiorizar. De hecho, en la mayoría de casos, es algo que requiere de un trabajo en consulta.

Pero me gustaría darte unas pinceladas de algunas de las herramientas con las que yo trabajo que creo que te pueden ayudar a reconocer la autoexigencia y convertirla en tu aliada.

5 herramientas para saber si somos autoexigentes (y cómo la autoexigencia puede ayudarnos)

Atención plena-mindfulness: focaliza tu atención

De la atención plena, mindfulness, ya te he hablado en alguna ocasión porque es una herramienta que uso en consulta (aunque como verás, trabajo con muchas más).

Focalizar la atención nos permite retroceder cuando estamos a punto de sumergirnos en una autoexigencia que no nos beneficia. Nos ayuda a ser más conscientes, darnos cuenta de qué (nos) está pasando y actuar con claridad.

Es cierto, que no es suficiente con la atención plena (se ha de combinar con la fuerza de voluntad y la práctica repetida), pero es un primer paso para tomar consciencia de nuestros pensamientos.

Terapia cognitiva: pon en entredicho tus creencias

Cuestionar tus creencias y reemplazarlas por una visión más realista te puede ayudar a que tu mente se aleje de tus reacciones de forma automática, que puedas observar la realidad con otras gafas y seas así consciente de la realidad.

Poner en entredicho tus creencias, explorar otras posibilidades, puede ayudarte a tener más libertad de elección interior.

En el momento en que ves con más claridad que (te) está pasando y cambias tu perspectiva, puedes aplacar a esa autoexigencia negativa y reconducirla.

Principio de realidad

Distinguir lo aparente de lo real no es fácil, pero trabajarlo te puede ayudar mucho, entre otras cosas, con la autoexigencia.

Una preocupación constante por todo, te puede hacer creer que nunca vas a estar a la altura de los niveles de exigencia que te has marcado.

Pero, ¿son esos niveles de excelencia reales?
Puede que sean imposibles y que lo que hacen es generarte ansiedad y frustración porque al no ser reales, por mucho que te esfuerces, no vas a lograrlos.

Escúchate con objetividad, como si estuvieras al margen de la situación, prestando atención también a lo que haces bien. Y date tiempo para que la empatía llegue.

Diálogo interno

Escucha cómo te hablas, qué palabras empleas. Dialoga contigo mismo e intenta analizar tu tono, tus expresiones; puede que te sorprendas, pero ser consciente es el primer paso.

Trabaja las cosas buenas que tienes, dales valor. Puedes, por ejemplo, apuntar cada día las cosas que han salido bien, de las que te sientes satisfecho, los buenos momentos… Anota también las que mejorarías.

Haz un balance y saca conclusiones, pero con benevolencia.
Háblate como lo harías a un niño pequeño, a tu mejor amiga: con cariño, con paciencia. Practica la autocompasión.

Autocompasión

La autocompasión, como indica la palabra, es ser compasivo contigo mismo. No importa cuál sea tu circunstancia ni los sentimientos que te genera, lo importante es recordar que tú eres valioso tal y como eres.

Integra la autocompasión, permítete disfrutar de la alegría sin sentirte culpable por ella.
También la tristeza, la ansiedad…pero no te dejes arrastrar por ellas.

Es trabajar tus emociones para que cuando la autoexigencia se manifieste en, por ejemplo un pensamiento del tipo: “si no me esfuerzo más, la gente va a descubrir que soy un fraude”, puedas reconocerla y sustituirlo por: “si realmente me entienden, les gustará como soy”.

Darnos cuenta de hasta qué punto estamos atrapados en la autoexigencia, cómo nos limita es el primer paso. Pero no es algo que suceda de la noche a la mañana, no quisiera que te obligaras a conseguirlo.

Si quieres recorrer el camino hacia tu bienestar emocional y necesitas que te ayude, yo estaré encantada de intentarlo, bien en mi consulta en Jerez de la Frontera u online, como tú prefieras. (enlace página contacto).

Mientras tanto, nos vemos en mi IG (@jeniferbenitez_psicologa), o aquí cada día 17 del mes.

Estamos juntos en esto.

Un abrazo,

Jenifer

Cómo aprender a poner límites para ser más feliz

aprender a poner límites

“No quiero que se enfade conmigo”, “no me gustan las discusiones”, “no pasa nada porque hoy no vaya al gimnasio”, “ya volveré a trabajar cuando él tenga más tiempo libre”….
Son algunas de las frases que me decía Carmen en las primeras consultas que tuvimos.
Ella nunca se ponía en primer lugar.
Aún sabiendo que no era feliz, priorizaba siempre las necesidades de los demás.
En cierta manera, le sucedía lo mismo que a David.
“Siento llegar tarde, me han puesto más trabajo”; “últimamente mi jefe me habla mal, pero, bueno, ya se le pasará, ¿no?, y además, es el jefe”;  “al final no pude irme de fin de semana porque tuve que hacer un trabajo que mi compañero no quiso”….
¿Quién dominaba la vida de Carmen y David? 
¿Y la tuya?
A veces vamos tan rápido que no nos paramos a pensar en las repercusiones de nuestras acciones a corto o medio plazo.

Me gustaría plantearte la siguiente pregunta: ¿le darías las llaves de tu casa a un desconocido?
Seguramente no.
Por tanto, ¿por qué sí le das las llaves de tu vida a otras personas?

La importancia aprender a poner límites para tener una vida plena

El temido “no”

¿Por qué decimos “sí” cuando queremos decir “no”?
Tenemos miedo al rechazo, al enfado, a la discusión…y para evitar esa confrontación acabamos anteponiendo los sentimientos y necesidades de los demás a los nuestros.
Podemos incluso llegar a aceptar como normal, situaciones de inferioridad, comportamientos abusivos, etc. porque hemos estado demasiado tiempo viviéndolas y las hemos interiorizado.
Como le sucedía a Carmen, a David y, probablemente, a ti. Pero aprender a poner límites no quiere decir que vayas a imponer tu opinión o creencia.
Nada de eso.
Significa ser sinceros con nosotros mismos y actuar en consecuencia.

3 pasos para aprender a poner límites

1- Conócete

Te invito a reflexionar sobre aquella persona que anhelabas ser. 
Cuando eras pequeño, ¿qué valores te caracterizaban?, ¿cómo querías ser de mayor?
Con el paso del tiempo, en ocasiones, perdemos el rumbo porque nos vemos contaminados por el qué dirán o por las etiquetas que nos implantan.
Libérate de todo ello.
Libérate de aquello que te dijeron que serías de mayor. Tú llevas el rumbo de tu barco. Hoy es un buen día para que conectes con ese niño interior y te transmita la vitalidad y energía que posee. Ahora es tu momento para ser quien quieras ser, los límites los puedes encontrar dentro de ti.

Saber tus valores, tu misión, los objetivos que te mueven y hacia dónde quieres ir, te permitirá adquirir herramientas, empoderarte y centrarte verdaderamente en aquello que quieres ser. 

2- Quiérete

Cuidarse uno mismo es aparentemente sencillo, pero, ¿cuánto de tu tiempo dedicas a ello?
 El autocuidado incluye diferentes esferas de la persona, como pueden ser la alimentación, el cuidado físico y el cuidado mental. Añadiendo siempre esa pizca de cariño y respeto hacia uno mismo.Si tratas de forma correcta a un amigo o conocido, ¿por qué no lo haces contigo?
El saber amarse es un pilar fundamental para poder vivir en calma y tomar distancia del “ruido mental”. 
Te propongo tomar 10 minutos de tu día e invertirlo en ti mismo. Retoma esos hábitos que te hacían sentir pleno. Ahora es tu momento.
Trabajar en tu autocuidado, tu autoestima, y tu bienestar emocional no es algo que se logre en uno o dos días. No es una carrera. Es un camino que, poco a poco, se puede recorrer e ir aprendiendo de cada paso dado. 

3- Exprésate

¿Cuántas veces te has reprimido un enfado? 
¿Te suena la frase de «por esas cosas no hay que enfadarse»? Probablemente ahora de adulto, reprimas ese enfado y no te permitas estar en ese estado. 
Permíteme que te pregunte: ¿por qué? ¿A caso el enfado no es una emoción más? 
Por ser una emoción con matiz desagradable, es común evitar sentir el enfado.  Pero entonces, ¿qué haces? Probablemente cuando discutes con esa persona uses el móvil o te vayas de allí. La cuestión es si ese acto nos regula el enfado o solo lo hacemos para que dure lo menos posible como si se tratase de una patata caliente.
Permitirnos estar enfadados, es una forma de decirnos: «ok, estoy enfadado por X motivos, qué puedo hacer para resolverlo y qué puedo hacer para sentirme mejor. ¿Por qué no expreso lo que realmente siento?

Aprender a limitar es una tarea que necesita constancia, necesita tiempo. Pero en el momento que puedas aplicarlo serás el dueño de tu propia vida y no dependerás de los demás.
El ritmo lo marcarás tú mismo.


Es posible que algunas personas, algunas circunstancias o algún entorno haga que se muevan esos roles establecidos hasta este momento.  Es lo más probable, pero no te preocupes por ello. Si hay personas o circunstancias que se marchan cuando tú has cambiado un rol o cuando tú has aprendido nuevas herramientas que te hacen sentir mejor es porque, quizás, esas personas o circunstancias, no tenían verdaderamente el valor que le estábamos aportando. Por tanto, a partir de ese momento, podrás sentirte mucho más ligero y mucho mejor contigo mismo. 

Espero, de corazón, que esta reflexión que he querido hacer aquí, te ayude a comprender la importancia de poner límites y puedas empezar a trabajar para ponerlos en tu día a día. 
Como siempre, nos vemos en este rinconcito el próximo día 17, y cuando quieras en mi IG (@jeniferbenitez_psicologa).


Si prefieres que trabajemos este u otro aspecto, te espero en mi consulta de psicología en Jerez de la Frontera (o si lo prefieres, terapia online). 

Estamos juntos en esto.
Un abrazo, 
Jenifer

Cómo aprender a aceptar tu cuerpo desde el autorespeto

“Estás más delgada”

“Estás más gorda”

“Deberías de arreglarte más”

¿Te es familiar alguna de estas frases”?

A veces ni siquiera se trata de que tengas una baja autoestima. Puede que tú estés contenta con tu cuerpo, pero quizá sea tu entorno quien comienza a opinar sobre él.

Empiezas a compararte, a preocuparte…

De donde no había un problema, surgen las inseguridades. Y donde ya había inseguridades, surge la baja autoestima e incluso la depresión.

¿Hasta dónde permites que los demás opinen sobre tu aspecto físico?

 No acepto mi cuerpo

En ocasiones los demás proyectan sus propios miedos y complejos en los más cercanos. En nosotros. Y nosotros, lo hacemos propio.

Cuando en ningún momento nos pertenece.

Me refiero a que puede ser que seas consciente de que una parte de tu cuerpo no te entusiasme (pero la aceptas como parte de un todo), pero que lo que en realidad te haga daño sean los comentarios de los demás, que te dé miedo el rechazo de los demás.

Gestionar un rechazo no es fácil (lo veo frecuentemente en mis pacientes), pero déjame preguntarte algo: ¿merece la pena tener cerca a una persona que no te acepta como eres, a alguien que le da más importancia a un aspecto concreto de tu físico que a todo tu ser?

¿Qué significa aceptar mi cuerpo?

Cuando te hablo de la aceptación del cuerpo, no quiero decir que sí o sí ha de gustarte cada parte de tu cuerpo.

No pasa nada porque pensemos que nos gustaría tener, por ejemplo, menos barriga o los labios más grandes. Lo importante es que no rechaces mirarte al espejo.

¿Te sueles mirar al espejo contemplándote o quizás lo evitas?

Aceptar nuestro cuerpo significa que no TENEMOS que ser perfectos, ni iguales a los demás.

Cómo aprender a aceptar tu cuerpo después del embarazo (y siempre)

Tomar consciencia de nuestro cuerpo, de nuestra realidad es el primer paso para aceptarnos (y querernos).

Si acabas de salir de un embarazo, ¿no crees que es lógico que tu cuerpo sea distinto al de antes de estar embarazada? ¿No es precioso que gracias a esos cambios hayas podido convertirte en madre?

Piénsalo así. Da las gracias a tu cuerpo por haberte ayudado a tener a tu hijo hoy contigo, en tus brazos.

Y si ahora no tienes tiempo para hacer deporte, no te presiones.
Puedes trabajar otros ámbitos que te permitirán, poco a poco, aceptar tu cuerpo: cuidar tu alimentación, dedicar 5’ a tu rutina facial…No olvidarte de tu autocuidado.

Son varios los aspectos que podemos tener presente para pasar de “no acepto mi cuerpo” a “me quiero tal y como soy”.

Autocuidados

Conócete

¿Qué te gusta? ¿Con qué disfrutas?

¿Parece simple verdad?

Pero no reflexionamos sobre ello y esto hace que cada vez estemos más desconectados de nosotros mismos.

Frena

No tienes que ser mejor que nadie, no tienes que compararte con nadie, no tienes que hacer NADA.

Solo para y FRENA.

La sociedad nos marca unos ritmos muy acelerados imposibles de alcanzar, no tenemos (ni es sano) llevar esa velocidad.

Permítete llevar tu propia velocidad. Tú eres el marinero de tu barco, decide hacia dónde navegas. El mar no te pertenece, déjalo que lleve su curso.

¿Hasta cuándo?

La casa, el trabajo, la familia, los amigos y un laaaaaargo etcétera.

¿Y tú para cuándo?

A veces nos convertimos en globos: vamos acumulando preocupaciones de los demás y las propias y así vamos esquivando el flujo de la vida. Pero ser globo supone un peligro y es que cualquier cosa nos hace explotar.

Es normal que te preocupes por los demás.
La clave es ver qué herramientas tienes propias para OCUPARTE sobre ese asunto.

El autocuidado nos permite ser consciente de nuestras herramientas propias y la que nos gustaría alcanzar.

Te lo mereces

Te mereces dedicarte tiempo a ti.

Desconectar. Descansar.

Dedicar un tiempo a cuidarse y mimarse es esencial para mantener un buen estado de ánimo.

Autoestima

Está muy de moda decir: «tengo baja autoestima» o «tengo la autoestima por las nubes». 

Pero, ¿sabemos realmente cómo se construye y cuál es tu papel activo sobre ella? 

Profesores, amigos, familia…influyen sobre la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Elige de quién te rodeas

“Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una boca para enseñarnos que vale más oír que hablar”. Esta cita del filósofo griego Zenón de Elena nos puede hacer reflexionar sobre la importancia de escucharnos a nosotros mismos y el porqué de nuestros actos.

La crítica constructiva siempre es bienvenida, pero la que se hace con el objetivo de hacer daño, no. 

Y si miramos más allá…

Cuando hablamos de los demás, de sus fallos, de su físico o  de su vida solo estamos hablando de nuestros verdaderos miedos.

“Laura ha engordado”. 

Y yo te pregunto: ¿por qué te fijas en eso? ¿Qué valor tiene el aspecto físico para ti? ¿Temes engordar? ¿Cómo es tu relación con la comida? Y así sucesivamente.

Lo que decimos de los demás dice más de nosotros que de ellos.

Pues lo mismo con lo que digan de ti.

No te enfada, pero te molesta

Es normal que no nos guste oír una crítica sobre nuestro cuerpo. 

Lo importante es que sepamos reconocerla como tal, pero que no nos llegue a enfadar.

 Todos tenemos diferentes facetas de nuestra personalidad con la que lidiar. 

Reconocer que nos «da coraje» poseer ese rasgo, nos permite ser más consciente para luego poder manejarlo.

-Vale, lo que tú digas

Haz una lista de todas las frases que te han dicho. ¿Creaste tú esos adjetivos para ti o te los han impuesto?

La próxima vez que alguien te haga una crítica sobre tu cuerpo, siempre puedes decirle “vale, lo que tú digas”, y no darle mayor importancia.

7 Frases para aceptar tu cuerpo: tus nuevos mantras

Por último, me gustaría dejarte con unas frases para aceptar tu cuerpo. Tómalas como tus nuevos mantras. Repítete cada día un mantra, con el que más te identifiques. Ese que al leerlo, te aporte comodidad, paz desasosiego.

  • 1-No tengo que tener un cuerpo perfecto.
  • 2-Yo soy mucho más que mi cuerpo.
  • 3-Querer ser alguien más es malgastar la persona que soy.
  • 4-El que mira afuera sueña, el que mira adentro despierta.
  • 5-La opinión de otra persona sobre ti no tiene que convertirse en mi realidad.
  • 6-La felicidad solo puede existir en la aceptación.
  • 7-Me valoro; nadie más lo hará si no lo hago yo primero.

Espero, de corazón, que esta reflexión que he querido hacer aquí, te ayude a aceptar tu cuerpo, a quererte tal y como eres, a no dejarte influir por los comentarios de los demás.

Nos vemos en este rinconcito nuestro el próximo día 17, y cuando quieras en mi IG (@jeniferbenitez_psicologa) o, si quieres que trabajemos este u otro aspecto, en mi consulta de psicología en Jerez de la Frontera (o si lo prefieres, terapia online).

Estamos juntos en esto.

Un abrazo,

Jenifer

¿Llevas puesta una máscara?

Cómo aprender a reconocer emociones

La importancia de aprender a reconocer las emociones

-¿Qué tal estás?

-Bien

-¿De verdad?

….

¿Cuántas veces te han hecho esta pregunta y has contestado de forma rápida “bien” (incluso intentando esbozar una sonrisa) aunque en realidad estabas hecho pedazos por dentro?

No te preocupes.

A todos nos ha pasado, a mí también.

Permíteme que te haga dos preguntas.

Lo primero que me gustaría preguntarte es: ¿por qué lo hiciste? 

Tal vez por la situación, por el momento o por la persona que, seguramente con toda su buena intención, te lo preguntaba.

Pero la realidad es que no estabas bien, pero preferiste quedarte debajo de tu máscara.

¿Qué hay debajo de la máscara?

La segunda pregunta que me gustaría hacerte es: ¿por qué no lo hiciste? 

Pregúntate, qué te hizo no decir qué es lo que de verdad te pasaba. 

Lo sé, no es una pregunta fácil de responder.

Incluso, puede que, así de primeras, no conozcas la respuesta. 

Además, quizás cuando mires hacia dentro, puede que te encuentres con sentimientos, ideas o miedos más desagradables que te lleven a tener el impulso de no querer verlos. 

Es normal. 

Ponerse delante del espejo es difícil porque supone sincerarse con la parte más amarga de nosotros mismos. Y eso no es cómodo para nadie.

Cómo saber qué nos pasa: aprender a reconocer nuestras emociones

Has dado un gran paso, has sido capaz de sincerarte contigo mismo. 

Déjame felicitarte porque como te he dicho, sé que no es fácil.

Pero no quiero que te quedes ahí. Te invito a que des que un paso más, porque una vez que entendemos qué nos pasa, podemos influir en nuestro comportamiento y por tanto en nuestros objetivos y metas.

No puedes elegir cómo te sientes, pero sí puedes elegir cómo eso influye en tu día a día. 

Pero vamos, paso a paso.

Lo primero es identificar esa emoción, ponerle nombre y hablar con ella.

Tranquilo, no me refiero a cosas “raras” o esotéricas.

Hablo de llamar a las emociones por su nombre, sea el que sea.


Emociones positivas y negativas

-“Pero, Jenifer, es que si miro dentro de mí, no me gusta lo que veo”.

-”¿Y qué es lo que ves”?

-”Que tengo miedo, pero se supone que tengo que estar contento”.

-”¿Por qué? ¿Por qué no puedes permitirte otras emociones?”.

Tal vez porque crees que hay emociones buenas como, por ejemplo, la alegría y otras malas como, quizás, la tristeza, la soledad o el miedo.

Déjame decirte algo: las emociones no son ni buenas ni malas.

Por ejemplo, el miedo.

¿Dirías que es tu amigo o tu enemigo?

Pregúntale a tu miedo. Sí, me has leído bien, pregúntale: “¿en qué me ayudas?

Y si no me ayudas, ¿por qué vienes?”.

Todas las emociones aparecen como un objetivo para indicarnos algo. 

Todas las emociones mantenidas en el tiempo suponen consecuencias.

Por ejemplo, el miedo, nos puede ayudar a estar alerta.

Por eso, no huyas, date tiempo a experimentar.

La cultura y la sociedad nos obliga a estar siempre bien, dando el 100 por ciento. Pero siento decirte que eso no es real.

Por eso, te invito a no huir de la emoción. Experimenta por unos instantes, descubre cada rincón y conviértete en el científico de tu vida.

Ser consciente de lo que nos pasa, nos da la ventaja de anteponernos y tomar acción.

Respetar los tiempos

“¿Y qué pasa si no quiero, Jenifer? ¿Por qué he de contar lo que me pasa si en realidad no me apetece estar dando explicaciones de mi vida a todo el mundo?».

Y tienes razón.

Pero no se trata de que te pongas un cartel en la frente diciendo lo que te pasa. No

Todos tenemos nuestros tiempos.

Todo tiene un proceso y cuando estemos preparados, podremos abrirnos con quien consideremos. 

Y lo mismo, a la inversa.

Respetemos los tiempos de los demás y si te dicen que te lo contarán en otro momento, sencillamente muestra tu apertura con una frase sencilla como «tranquilo, sea lo que sea, puedes contar conmigo«.

A todos nos gustaría escuchar eso, ¿no crees?

Tips para reconocer (y expresar) las emociones  

Con tiempo, paciencia y cariño se puede trabajar para que poco a poco te vayas liberando de esa emoción que no te deja avanzar.  

Y para que llegado el momento, puedas expresar las emociones, puedas contar qué te pasa. 

Autocompasión

¿Recuerdas cuando te decía que hablaras con tus emociones, por ejemplo con tu miedo?

Pues es importante que cuando lo hagas, cuando notes en ti cualquier tipo de sufrimiento, aunque sea leve o creas que tiene poca importancia, reconozcas que está ahí y le envíes compasión.

Aunque te parezca algo extraño (es un tema que da para mucho, y si te parece podemos tratar otro día), al hacerlo vas a notar cómo te deshaces de ese sufrimiento y puedes centrarte en el presente, en los elementos positivos de tu día a día.

Terapia narrativa

¿Tienes un diario?

Si no lo tienes, te animo a ello. De hecho,  es una de las herramientas con las que trabajo en consulta.

Escribir esa emoción que sientes en un papel es el primer paso para contar cómo nos sentimos y cobrar conciencia del estado. 

Y para eso, como decía, has de darte el permiso de sentir.

Sientas lo que sientas. Sin juicios ni acusaciones.

Acéptalos.

Somos humanos.    

Escucha ese estado que estás experimentando.

Sí, a veces duele, no te lo niego.

Taponar lo que sientes y mirar hacia otro lado no es la solución.

Por el autorespeto que te mereces, no te cierres como una olla exprés…porque ya sabes lo que pasará, ¿verdad? 

Y, antes de despedirme hasta el próximo mes (aunque también me puedes encontrar, por ejemplo en IG @jeniferbenitez_psicologa), me gustaría preguntarte una última cosa: ¿sabes ya cómo aprender reconocer tus emociones? Y si es así, ¿qué te impide expresar lo que sientes? 

Si te sientes cómodo, cuéntamelo en los comentarios. Me encantará leerte y ayudarte, en lo que pueda.

Un abrazo, 

Jenifer