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Cómo superar la autoexigencia y delegar sin miedo

 Introducción: La autoexigencia como barrera para delegar.

El ritmo frenético de nuestro estilo de vida en los últimos tiempos, donde debemos de alcanzar unos cánones de perfección impuestos, delegar puede convertir en una tarea compleja y a priori; “mal vista” asociándose a signo de debilidad.

En este post, vamos a explorar los desafíos que nos supone delegar en un contexto autoexigente, desentrañando sus impactos y proporcionando estrategias para encontrar el equilibrio adecuado que todos deseamos.

¿Por qué nos cuesta tanto delegar? Principales motivos.

Si estás leyendo este post es porque algo ha resonado en ti cuando has leído el título y te has podido sentir identificado con la autoexigencia. Para saber si la autoexigencia está ahora mismo presente en tu vida te dejo este post donde comparto con gran profundidad sobre esta temática.

Delegar según la RAE es dar el poder a otra persona para que pueda representarnos en algunas tareas. Si este es el significado literal ¿por qué lo asociamos con debilidad, no ser suficiente, o incluso de perdedores? 

Para responder a esta pregunta tenemos que fijarnos en dos aspectos:

1. El entorno cultural: La sociedad occidental premia y exalta los logros, el éxito y, por así decirlo, “el poder en todo”. En otras culturas, el intento repetido de alcanzar un propósito es valorado como símbolo de perseverancia, constancia y resiliencia. Un ejemplo sería cuando obtenemos el carnet de conducir; en nuestra cultura, solemos preguntar “¿en qué intento lo has conseguido?” Y si es en el primer intento, se te considera un campeón, pero si es en el tercero o el décimo, se te tacha de patoso que no sabe conducir bien. No reconocemos que en ambos casos se ha alcanzado el objetivo, que es poder conducir.

Además, esto se ve reforzado por las redes sociales, donde solo vemos los éxitos de otras personas y los momentos placenteros, los cuales son validados y reforzados con “me gusta”. Pero raramente vemos a alguien estudiando para una oposición, a una madre que pide ayuda porque no ha descansado por la noche, o a una persona que trabaja en tres empleos para poder pagar el alquiler.

En este contexto, está claro que ser autoexigente es reforzado, premiado y, de cara a la galería, es la versión excelente para mostrar.

2. Otro motivo por el cual nos resulta difícil delegar es debido a nuestro estilo de crianza recibido, y aquí mencionaremos el apego. Las personas con un estilo de apego evitativo son quienes van a mostrar mayor dificultad para pedir ayuda, ya que consideran que los demás no son de fiar, los recursos de los otros no son tan buenos como los suyos y consideran que ellos pueden hacerlo mejor que cualquier otra persona. Aquí te dejo un video donde hablo sobre este tema.

Obviamente, es muy probable que ni sepas que todas estas creencias formen parte de tu mundo interno, ni cómo han podido ser instauradas en tu manual de instrucciones. Pero es probable que te resuene el sentirte desgastado, que el peso de los demás recae sobre ti, que eres el mediador de tu familia o incluso, que de ti depende la armonía de tus relaciones.

Es muy probable que si te sientes identificado, es porque te criaste en un entorno donde expresar tus emociones no estaba bien visto, no eran tenidas en cuenta o solías escuchar mensajes como “esas cosas no tienen importancia”, “hay cosas peores” o “tienes que poder solito”. Y finalmente, lo que se termina creando es un sistema emocional interno sin referentes de pedir ayuda y donde uno tiene que ser como Juan Palomo “yo me lo guiso y yo me lo como”. Es a la edad adulta cuando nos solemos encontrar con que poder con todo no es posible ni viable para mantenerlo en el tiempo.

Vínculos entre autoexigencia y pedir ayuda.

Cuando nuestro modus operandi es la autoexigencia, nos convertimos en grandes aliados del perfeccionismo, el control y el liderazgo en situaciones de conflicto. Esta faceta, a nivel de rendimiento en el trabajo o en un entorno familiar, puede ser muy reforzada, ya que nos convertimos en maravillosos “apaga fuegos” para otras personas.

La cara B de todo esto es que muy probablemente nos encontraremos resolviendo situaciones que no nos pertenecen, que no nos apetecen o incluso que no tenemos el conocimiento o la capacidad para resolver. Esto consecuentemente genera estrés, ansiedad, desgaste de energía, dificultad para decir no a los demás y nos vemos envueltos en una espiral donde nos resulta difícil dedicar tiempo para cuidarnos o para ocupar el tiempo en aquello que sí nos interesa.

Por tanto, la idea de pedir ayuda ni siquiera se nos pasa por la cabeza, y cada vez que lo consideramos, pensamos que seremos una decepción para los demás. Tranquilo, no eres el único que se ha visto atrapado en esta situación. Hay salida, pero para ello es necesario realizar renuncias y poner el foco en nuestro cuidado, dejando de alumbrar el beneficio de otros.

Impacto del estrés laboral en la salud mental.

En el mundo laboral, mostrarnos autoexigentes puede ser muy valorado por nuestros jefes o empresas de contratación. Como mencionaba anteriormente, seremos considerados como el santo grial para la resolución de problemas y para garantizar que todo marche bien.

Sin embargo, este enfoque no es sostenible a largo plazo. Estaremos llevando a nuestro cuerpo a un estado de estrés crónico que progresivamente deteriorará el resto de nuestras esferas personales, como nuestro descanso, alimentación, relaciones personales e incluso nuestra propia identidad.

Si queremos mantener nuestra salud mental, debemos aprender a enfocarnos en aquello que nos corresponde y reconocer qué responsabilidades pertenecen a otros. Es probable que nunca antes te hayas planteado esta pregunta, pero si es así, enhorabuena, porque estás enseñando a tu sistema ahora mismo que existen alternativas (aunque puedan resultar complejas a priori) para salir de esta espiral.
Además, es fundamental recordar que la autoexigencia no es sinónimo de eficiencia o éxito. Aprender a establecer límites y a delegar responsabilidades puede ser una estrategia más efectiva para alcanzar nuestros objetivos sin sacrificar nuestra salud y bienestar en el proceso. Aceptar que no podemos hacerlo todo solos y permitirnos recibir ayuda cuando la necesitamos es un paso valiente hacia una vida más equilibrada y satisfactoria.

Estrategias para superar la dificultad de delegar.

Ahora viene la pregunta del millón: ¿vale, pero cómo se hace esto? Para aprender a delegar y pedir ayuda, una de las formas más sencillas es buscar referentes en nuestro entorno. Es decir, detenernos y observar qué personas de nuestro círculo, o incluso personajes de una novela o del cine, llevan a cabo el acto de pedir ayuda para su bienestar. ¿Dónde podemos encontrar un referente?

Esto nos permitirá aprender con un modelo, lo que llamamos el aprendizaje observacional. Esta estrategia será muy útil, especialmente para romper con esas creencias infundadas sobre que pedir ayuda es malo. ¿Qué piensas de esa persona que lo lleva a cabo? ¿Cómo observas su estado de ánimo? ¿Cómo se siente después de delegar tareas? ¿Puedes ver cómo le beneficia? Poner el foco en esta parte nos permitirá tener un incentivo para dar nuestros primeros pasitos en delegar.

Para que este camino sea más sencillo, te indicaría que primero comiences a delegar tareas sencillas para ti. Es decir, si eres el CEO de una empresa, no comiences por delegar en la dirección de tu empresa. Pero quizás podemos considerar opciones como delegar la limpieza, quien podría desviarnos las llamadas o hacernos la compra de casa.

La idea es probar al principio con delegar cosas pequeñitas para nosotros y observar cómo eso conlleva un beneficio para nosotros mismos e ir acostumbrándonos a la sensación de sentirnos confiados en las demás personas.

Además, es importante recordar que el proceso de aprendizaje en  delegar para pedir ayuda es gradual. No esperes resultados inmediatos y sé amable contigo mismo mientras te adentras en este nuevo camino hacia una vida más equilibrada y saludable.

Delegar como herramienta de autocuidado.

Cuando comienzas a delegar, puede convertirse en un aliado para poder poner el foco en ti mismo. Y es que está claro que si tú te encargas de todo y resuelves los problemas de todo el mundo, al final del día no tienes tiempo para ti.

Y lamento decirte que no eres superman o superwoman. Tú también necesitas descansar, leer, hacer deporte, mirar el techo y aburrirte, y hasta contar los pelos del ombligo. Necesitas recargar pilas para poder encargarte de las demás cuestiones de tu día.

No buscamos el extremo de ahora pedir ayuda para absolutamente todo. Buscamos el equilibrio, entre saber qué pueden hacer otras personas por nosotros y qué cosas sí nos corresponden a nosotros mismos. En el equilibrio está la magia o, dicho de otro modo, en la flexibilidad está la salud.

Pedir ayuda te permitirá sentirte más liberado, que otras personas se encarguen de tareas que saben hacer mejor que tú, reforzar tu vínculo con otras personas y confiar en ellas, sentirte más seguro en las acciones que sí realizas y bien (porque tendrás tiempo y más energía).

Cómo desarrollar una autoexigencia basada en objetivos realistas.

Desarrollar una autoexigencia basada en objetivos realistas es clave para mantener un equilibrio saludable entre el impulso de alcanzar nuestros sueños y la capacidad de cuidar de nuestra salud mental y bienestar emocional.

En primer lugar, es fundamental tener claridad sobre nuestras metas y objetivos. Esto implica definir metas específicas, medibles y  alcanzables. Al establecer objetivos de manera realista, podemos evitar la presión excesiva y el perfeccionismo desmedido que a menudo acompaña a una autoexigencia poco saludable.

Además, es importante aprender a reconocer y celebrar nuestros logros, por pequeños que sean. Celebrar los avances nos permite mantener una actitud optimista hacia nuestro progreso, lo que a su vez fomenta la confianza y la autoestima.

Otro aspecto clave en el desarrollo de una autoexigencia basada en objetivos realistas es practicar la autocompasión. Esto implica tratarnos a nosotros mismos con amabilidad y comprensión en lugar de autocrítica y juicio. Reconocer nuestras limitaciones y errores como parte del proceso de aprendizaje nos permite aprender y crecer de manera más efectiva.

Por último, me gustaría recordarte que el camino hacia el éxito no es lineal y que es normal experimentar contratiempos y obstáculos en el camino.

Conclusiones.

En resumen, encontrar el equilibrio entre la ambición y el cuidado personal es fundamental para desarrollar una autoexigencia basada en objetivos realistas.
Al establecer metas alcanzables, practicar la autocompasión y mantener una actitud flexible, podemos avanzar hacia nuestros sueños con confianza y resiliencia. Recordemos que el éxito no se trata solo de alcanzar nuestras metas, sino también de disfrutar del viaje y cuidar de nuestro bienestar emocional en el proceso.
Al cultivar una mentalidad positiva y centrada en el crecimiento, podemos alcanzar nuestros objetivos de manera significativa y satisfactoria.

Búsqueda de apoyo: Opciones de terapia y asesoramiento.

Una vez que decides cultivar una autoexigencia basada en objetivos realistas, es importante recordar que no estás solo en este camino de crecimiento personal. Si sientes que necesitas apoyo adicional para cambiar tu diálogo interno y fortalecer tu autoestima, considera buscar ayuda profesional. La terapia individual online puede brindarte las herramientas y el apoyo necesarios para modificar patrones de autosabotaje y cultivar un diálogo interno más compasivo y positivo.

Desde mi consulta online, ofrezco talleres donde compartimos experiencias y aprendemos juntos herramientas prácticas para cuidarnos y querernos como merecemos. Si estás interesado en participar en futuros talleres o prefieres un acompañamiento más personalizado, no dudes en ponerte en contacto conmigo. Estoy aquí para ayudarte en tu viaje hacia una autoexigencia más saludable.

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